ACCION REGIONAL POR LA EQUIDAD

La EQUIDAD no solo es un requisito moral básico de la convivencia humana, entre seres esencialmente iguales, sino además una condición elemental de funcionalidad económica de toda sociedad. Sin EQUIDAD no hay desarrollo posible, puesto que la desproporcionada concentración del poder y la riqueza, produce no solo marginalidad y miseria generalizada es su entorno sino disfuncionalidad, inseguridad y esterilización de una economía y por tanto fuga de recursos financieros y humanos. Una sociedad inequitativa es una sociedad débil y no viable que se agota y autodestruye es sus propias contradicciones.

¿Por qué ACCION REGIONAL POR LA EQUIDAD y no precisamente acción nacional por este objetivo?; por cuanto la experiencia de algunas décadas de accionar político nos demuestra que la EQUIDAD, tanto social como espacial o territorial, no puede conseguirse como una generosa concesión del poder central o de las élites metropolitanas o por el bucólico orgullo del rincón que ensayan vástagos de feudos provincianos, sino como conquista, en base a la acción política deliberada de los sectores o regiones que sufren las consecuencias de la exclusión centralista. Más aún sostenemos en base a la historia de inveteradas luchas gremiales que no hay equidad social posible sin equidad espacial o territorial, ya que cuando la gente impulsada por la miseria y la falta de perspectivas se aglomera desesperada en los suburbios de las grandes metrópolis pasa a convertirse casi automáticamente en pasto de toda esa perversa maquinaria de instrumentación electoral de la pobreza que son las políticas populistas que acaban por robustecer el centralismo, la exclusión y marginalidad social y territorial.

Como lo reconocen variados estudios realizados en el marco de Naciones Unidas, el problema mayor no solo la pobreza sino la inequidad territorial y social pues a pesar del crecimiento económico de las últimas décadas el mundo es cada vez más inequitativo. La tesis tradicional de que el desarrollo reduce automáticamente la pobreza y la desigualdad es absolutamente falsa y mucho más erróneo aún es el postulado llevado a la falacia del neoliberalismo criollo de pretender separar la economía de la política o lo técnico de lo social.

Una “globalización asimétrica” que no apunta a la equidad sino solo a la aparente y manipulada liberalización de los mercados, “La mano invisible” está produciendo efectos devastadores en la humanidad. En las últimas décadas en el mundo se ha promovido un traspaso muy grande de responsabilidades del Estado al sector privado y a inversiones privadas transnacionales inclusive sobre los servicios públicos básicos, pero además se le ha privado al Estado sus facultades de control y regulación que han sido privatizadas por los grupos de presión y en todos los países donde esto ha acontecido se ha podido constatar una fuerte regresión de la distribución real del ingreso y la consecuente fuga de capitales, incremento de la especulación inmobiliaria y crisis económica.

Nuestro país necesita con urgencia asegurar que su salida de la crisis del caos y la ingobernabilidad a la que había llegado, toma el carácter de sustentable o irreversible y para ello es indispensable y para ello es indispensable, promover la participación política de la ciudadanía por arriba de parcialidades o grupos excluyentes. Sociedades que se desentienden o convierten en banal el manejo de la cosa pública, dejándola en manos de reducidos círculos, están autodestruyendo sus posibilidades de progreso. El centralismo tiene su peor y más dañina expresión en las partidocracias cerradas, de viejo y de nuevo cuño, con candados y “códigos de antiética” en nuestro caso, fomentadas y financiadas desde el Estado ya que utilizan sin rubor los recursos públicos para generar clientelas políticas que irrumpen para privatizar a su manera la publico a título de reivindicaciones.

Para generar un progreso social con sentido humano integral es indispensable generar las condiciones para el desarrollo equitativo e incluyente de todo el pueblo y de todo el espacio nacional. En este propósito se requiere forjar respuestas políticas autónomas surgidas desde las regiones ancestrales u horizontales que intervengan sin condicionamientos de ninguna clase en la toma de decisiones de las instancias superiores del Estado. Es en este sentido, cansados de la acción de los lugartenientes del centralismo en las provincias o de los concesionarios que compran o alquilan las franquicias electorales más cotizadas para luego encargarse de negocio del reparto del botín, es que hemos adoptado la decisión y asumido el riesgo de promover, no solo en nuestra región sino en todo el país, organizaciones de participación democrática brotadas desde la diversidad cultural de nuestro país, que se expresa en regiones o espacios nacionales interdependientes con honda raigambre histórica, que tienen pleno derecho para intervenir en la conducción del Estado.

La peor parte del centralismo la tienen precisamente los partidos políticos, que en sus estructuras internas, casi en su mayoría, responden a gestiones grupales, empresariales o familiares, acostumbrados ya a hacer del estado y sus decisiones, un instrumento de sus intereses. Es así que resulta a estas alturas indispensable recuperar el carácter público del Estado, (“Porque lo Público es Público”) desamarrándolo de sus ataduras gremiales u oligárquicas.

Se trata de la tarea dura de forjar un nuevo acuerdo político territorial que permita articular o vertebrar a la Nación, sometida a una verdadera coyunda bipolar centralista que frente a la débil presión descentralizadora exige autonomía de lo ya concentrado por siglos, en un país que anula sus potencialidades en las aglomeraciones inhumanas de los suburbios metropolitanos saturados por los que abandonan su tierra y en el destino especulativo y la fuga de sus recursos. Se trata de reconstruir el Estado Ecuatoriano desde sus cimientos, fortaleciendo el rol regulador, promotor y redistribuidor del Estado. Estamos conscientes de que este propósito no es fácil y que ha tenido y va a tener muchas dificultades y traiciones de los que se dejan tentar por las circunstancias y abandonan sus ideales a cambio de hacerse un espacio económico y político propio; pero no estamos dispuestos a bajar la guardia, ni caer en las trampas legalistas que ya están acostumbrados a tendernos a través de tribunales electorales controlados por la partidocracia.

ACCION REGIONAL POR LA EQUIDAD, ARE, es la expresión actual de una vieja e indeclinable lucha, que desde diversos ámbitos junto con nuestro pueblo hemos venido sosteniendo por la equidad social y espacial en nuestro país. LA DESCENTRALIZACION Y LA PROMOCION DEL DESARROLLO EQUITATIVO E INTEGRAL, no marchan con la celeridad y verticalidad que se requiere y tenemos el derecho y la obligación de participar en el accionar político. Como lo cantó el viejo payador de nuestra América: “una cosa es el rumbo y otra el camino” Es en este sentido, que manteniendo el rumbo y enfrentando las dificultades del camino, en un afán indeclinable de promover en el país una nueva estructura que permita forjar la equidad espacial y la equidad social, hemos decidido reagruparnos nuevamente cortando por lo sano traiciones y errores del pasado y conformar ACCION REGIONAL POR LA EQUIDAD ARE, que si bien nace en Loja, brota con un sentido de integración solidaria de todo el país ecuatoriano y la Patria Grande Iberoamericana. Por esto, vamos a procurar que en las siete regiones horizontales del Ecuador y en las dos regiones metropolitanas, vayan conformándose o articulándose a nivel nacional movimientos o actores políticos con objetivos similares que puedan articularse. No inscribimos nuestra acción en los afanes excluyentes de grupos sectarios y minúsculos que se agotan en la negación de los otros y que son incapaces de articularse con fuerzas sinérgicas y similares a nivel nacional. Partimos del reconocimiento de que a nivel nacional e Iberoamericano existen organizaciones que se enmarcan en la tendencia por la equidad social y espacial y con ellos estamos abiertos a trabajar en forma conjunta y solidaria a nivel local, nacional e internacional; lo único que ofrecemos y demandamos es lealtad y transparencia, que se prueba en la acción cotidiana y no solo en las declaraciones solemnes y publicitadas.

Desde nuestra libertad promovemos e impulsamos el proceso de cambio que por voluntad popular expresada reiteradamente en las urnas vive nuestro país y aportamos solidariamente la visión de una dimensión territorial de los cambios. Estamos convencidos de que no es factible el cambio de la matriz productiva sin una modificación urgente de la matriz territorial mediante la descentralización autonómica y la desconcentración regionalizada.

Por cierto buscamos devolverte no solo a Loja y la región sur, donde se ha iniciado esta acción por la equidad espacial y social, sino a todas las provincias y regiones marginadas, su peso político en el contexto nacional y hacer respetar así sus derechos y reivindicaciones. No más lugartenientes locales de la partidocracia nacional que adquieren la franquicia electoral más cotizada en las encuestas, para adjudicarse el reparto del botín político convirtiéndose en cómplices y usufructuarios de la marginación. Queremos afirmar y defender primero lo nuestro y demostrarle a la partidocracia nacional y los grupos económicos que la auspician, que el futuro de Loja y de las provincias de la Patria no se lo mendiga sino que se lo construye, con nuestro propio esfuerzo y dignidad. Queremos cerrarle el paso al colonialismo interno, manejado por lugartenientes y gobernadores, que todos los días se quejan del abandono de los poderes centrales pero que contribuyen dócilmente a robustecerlos. Este marco ideológico que ha sido el resultado de la praxis política y la discusión de los problemas en base a la experiencia cotidiana, no se integra de enunciados generales para sintonizar con temas de actualidad respecto de los cuales existe un evidente consenso, sino que asume el riesgo de hacer planteamientos innovadores sobre temas que en la política nacional se considera riesgoso o vedado toparlos y respecto de los cuales es necesario asumir compromisos en la acción.

José Bolívar Castillo Vivanco
PRESIDENTE