PRINCIPIOS IDEOLÓGICOS BÁSICOS

1. HUMANISMO CRISTIANO

Con profundas convicciones pluralistas, no podemos afirmar que el Cristianismo sea la única y exclusiva fuente de un verdadero humanismo, pero si reconocemos el hecho de que en nuestro pueblo de honda raigambre cristiana, la valoración y el respeto por lo humano brota de la convicción de que toda persona cualesquiera sean sus potencialidades, limitaciones o características, tiene un valor trascendente pues: a imagen y semejanza del Creador a través de su libertad y su facultad de amar, se realiza en la continuación y perfeccionamiento de la obra de la creación de la que es parte.

El objetivo fundamental de la sociedad y por tanto del Estado, como organización política, es la plena realización de la persona humana, cuya felicidad radica en las posibilidades de participación creativa, en el perfeccionamiento solidario del universo, mediante el trabajo solidario y sustentable.

El humanismo fundamenta su doctrina en el hombre, concebido como persona, cuya naturaleza, situación y destino en la vida, establece su primacía y la de sus derechos sobre cualquier otro valor, económico, político o personal. La humanidad no existe para el Estado o para la sociedad. Más bien es la sociedad la que se constituye y se justifica en el servicio de la libertad y dignidad humanas, para lo cual es indispensable que la sociedad y el Estado estén en condiciones de crear el marco de convivencia solidaria y libre de los seres humanos entre sí y en armonía con la naturaleza de la cual forma parte. La libertad implica la responsabilidad frente a la ejecución de las potencialidades humanas dentro de la sociedad. La auténtica libertad, solo es posible alcanzar solidariamente en el marco social en el cual se desenvuelve la persona.

La libertad tiene límites cuyo desconocimiento acarrea su pérdida; entre ellos tenemos el cumplimiento de la vocación personal y el reconocimiento y respeto de la libertad de los demás seres humanos.

En este marco ideológico del humanismo, la equidad que propugnamos no es sinónimo de igualdad meramente formal ante la Ley, sino que partiendo de la igualdad esencial de todos los seres humanos, proclamamos que no deben haber cortapisas u obstáculos ni en el ámbito de lo social ni de lo espacial que impidan que todas las personas de acuerdo a sus talentos y vocación especial, puedan realizarse como seres creadores y activos. La pluralidad o la diversidad existente entre las personas no puede ser motivo de discriminación, peor explotación por parte de un grupo, sino al contrario motivo de complementariedad e intercambio positivo.

Los seres humanos son iguales en sus derechos y deberes fundamentales y sus diferencias o diversidad ya sea de género, edad, raigambre cultural, características étnicas o fisiológicas, convicciones religiosas o políticas, no pueden ser motivo para discriminación, sino motivo de complementación e interrelación creativa. Los principios doctrinarios aquí descrito, que proclama el ARE, se fundamentan en la concepción cristiana de la naturaleza del hombre, de la evolución de la historia y de la sociedad misma. Toda acción política que se derive de estas proclamas se enmarcará dentó de la convicción de que el hombre es el centro de la creación y el principal gestor de la historia y que esta tiene un sentido de claro ascenso de la humanidad hacia su perfeccionamiento en todos, los órdenes: tanto político, económico, social y espacial.