PRINCIPIOS IDEOLÓGICOS BÁSICOS

3. EQUIDAD SOCIAL Y ESPACIAL: ECONOMÍA LIBRE Y SOLIDARIA

Tanto la economía estatista como las versiones criollas del neoliberalismo han fracasado, surge la necesidad y urgencia de priorizar un desarrollo sostenible en base a la equidad social. Hay que recuperar el carácter público del Estado que ha sido privatizado o sometido a intereses gremiales y especulativos y crear así las condiciones para un auténtico funcionamiento de una economía de mercado.

Siendo los seres humanos libres y diferentes en su vocación y capacidades, es necesario regular la convivencia y estimular su esfuerzo creativo. La humanidad ha pasado en sus diferentes etapas históricas por tiempos y espacios en los que se ha dado primacía una veces al Estado planificador e interventor en la economía o en otras etapas se ha magnificado al mercado libre como el único regulador destacándose a la persona individual a través de la libre competencia empresarial. El pasado Siglo XX se caracterizó por la lucha entre lo que se denominó el capitalismo y el socialismo o la economía libre de mercado que regula lo que ha de producirse y sus precios mediante el mecanismo de la oferta y la demanda y la sociedad que a través del Estado planificador global establece: qué ha de producirse, quienes deben hacerlo a qué precios y con qué remuneraciones.

Sin duda el socialismo es un sistema superior porque podría permitir una más racionalizada y equitativa organización de la economía en función de los intereses comunitarios de la persona humana, pero es cada vez más evidente que para ello se requiere un elevadísimo nivel ético, no solo de las personas individualmente consideradas sino de la sociedad en su conjunto. Nivel ético solo compatible con una visión trascendente y espiritual de la vida. Como evidentemente este no es el caso del promedio general de los seres humanos, excepción hecha de quienes alcanzan niveles superiores de santidad, la única forma de regular la economía y retribuir el esfuerzo y la superación individual y social, resulta ser la libre competencia en el mercado donde todos ofrecen bienes y servicios y donde el precio o la valoración de los mismos está dado por el equilibrio entre la oferta y la demanda, es decir la valoración que de ellos hacen quienes los necesitan. Sin embargo el mercado perfecto o la libre competencia no existe en ninguna parte del mundo menos dentro de los países subdesarrollados, en lo que es el Estado el que debe crear las condiciones para el funcionamiento de un mercado no manipulado por monopolios ni oligopolios. La libre competencia, pese a los controles y regulaciones indispensables, sistemáticamente tiende a concentrar la riqueza social y espacialmente y una vez concentrada la riqueza a convertir a la sociedad y al Estado en instrumento de esa concentración. Sin embargo, el Estado, en su esencia y razón de ser debe cumplir el papel de ente regulador y redistribuidor de la riqueza y el poder a fin de que la sociedad no se polarice y someta a la violencia entre una minoría que lo acapara todo y una mayoría sumida en la más absoluta miseria y exclusión social y política.

La desproporcionada concentración del poder y la riqueza, es decir, la iniquidad, como lo hemos expresado no solo es de carácter social sino además o sobre todo de carácter espacial, entendida como la concentración territorial de los recursos públicos y privados. La inequidad social se alimenta y refuerza en la inequidad espacial y viceversa y por ello el esfuerzo integrador del Estado debe estar dirigido a la superación de ambas versiones de un mismo sistema de inequidad. Es fácilmente comprobable como los Estados más desarrollados son los más equitativos, mientras los más pobres y subdesarrollados demuestran altísimos niveles de inequidad.

El rol redistribuidor del Estado, solo puede cumplirse, mediante un buen sistema tributario directo y regulaciones que eviten los monopolios y métodos de manipulación del mercado. Los recursos que se obtienen por la vía de la tributación deben destinarse a la principal y única política social que consiste en la incorporación de todos a la actividad productiva a través de un excelente sistema educativo, sistema de salud, protección social y crédito integrador de la población a la actividad productiva de bienes o servicios. La trilogía, sector especulativo, banca y medios de comunicación colectiva, ha venido propiciando una cada vez mayor concentración y esterilización de la riqueza nacional y la consiguiente fuga de capitales. El Estado en una economía debe desempeñar el papel de sol en la naturaleza, que hace posible que las aguas que por gravedad se concentran en el mar, nuevamente se levanten en forma de nubes para volver a las cordilleras y formar los riachuelos, las quebradas, lagunas y ríos. Este círculo virtuoso hace posible la vida. El rol regulador y redistribuidor del Estado es insustituible por las leyes del mercado, más aún una economía de mercado libre solo es factible en la medida en que el Estado es capaz de crear un marco de equidad, que permite ejecutar la principal e irremplazable política social que consiste en incorporar a todos a la actividad productiva en condiciones de competitividad global.